‘ETÉREO’

‘ETÉREO’

Relato finalista del concurso literario ‘GUSTAVO MARTÍN GARZO’


                Tras un largo recorrido de vaivenes y curvas pronunciadas llegué a mi destino, la cima de la escarpada montaña. Bajé la mirada y divisé la inmensidad de viviendas descosidas por el tiempo. Era algo natural que el tiempo pasase por aquella aldea dejándola en el olvido tras tus pasos. Un paisaje afligido, tordo y nauseabundo se proyectaba ante mí. Ruinas, escombros y entre las calles: el olvido, el frío.  Empedradas vacías, húmedas y resbaladizas sustentan vestigios de edificios devorados que albergaron algún día eso que llaman “vida” pues has dejado tejados hundidos, putrefactos, arcillosos y desolados, has dejado trechos desnudos, has dejado todo al descubierto. Pero no importa porque pasaría horas y horas admirando este remanso de paz. El murmullo del arroyo que desciende hasta el manantial se funde con los canturreos de las tórtolas que están apoyadas sobre los almendros, aquí, todo es distinto a esas ciudades envueltas en humareda.

            No obstante lo más inverosímil es observar como dos torreones hechos de duro mineral guarecen la antigua parroquia a la que solía asistir cada fin de semana. Parecen los guardianes que custodian la villa cual faro en la orilla del mar. Son esbeltas, homogéneas, firmes, algo estropeadas, eso sí.  En una de ellas yace un pétreo reloj renegrido con las manecillas oxidadas. Más abajo, se sitúan los vestigios de majuelos y las tierras torturadas que han degenerado en polvareda. Eres tú el culpable de que esta estampa inefable penetre en mi retina.

            Sobre mi cabeza nubes sombrías y plomizas, ningún rayo, a lo lejos, el mar en calma viene y va, me acerco y me moja, me susurra el oído, son las olas, la espuma de color nácar, tu voz. Apoyo mis manos sobre la áspera arena algo húmeda tocando tus entrañas, sintiéndome a tu lado, pero no, no eres tú.

            Respiro profundamente, abro los ojos y veo algunas aves a lo lejos agitando violentamente sus hélices emplumadas. Las admiro.

             El sol algo fatigado se descuelga paulatinamente del firmamento hasta llegar a acariciar el oleaje con sus delicados brazos, no sin antes ocasionar un suspiro que me desgarra hasta los huesos.  Finalmente sacudo mis palmas, me levanto, y me adentro en la marea. Me mantengo a flote arañando tu silueta obrada de reluciente oro. Miro a mí alrededor, estoy sola.

              Espera, el verano aun está presente, no te adelantes, te daré la bienvenida como te mereces. Tu estancia se te hará corta, casi una centena de días te tendré conmigo pero aguanta, aun no. Deja que disfrute un poco más de este horizonte manchado de tu fiel precedente, lo aborreces, lo sé.

            …

            De camino a casa, noto algo diferente en el ambiente. De repente alguien llama a la puerta, abro, ¿Eres tú?, pareces distinta, me dices y volteo la cabeza insinuando un halago entredicho. No te esperaba tan temprano. ¿Acaso es que no te deseo? , te pregunto y cuando murmuras, tu gélido vaho me abrasa. Es el sabor del abandono, el aroma a carcoma y podredumbre, las caricias del silencio. Pocas cosas han cambiado desde la última vez que te vi, eres un acertijo en mi ausencia.

             Shh… No es momento de disculpas, no hay vuelta atrás.  Has dejado escapar el último rayo de sol que teñía pastos y praderas, ese que penetraba entre troncos robustos, te has desecho de un decorado repleto de frescura y fuego, para dar lugar a… Da igual, no hace falta que lo pronuncie.

            Siempre al cruzarme contigo me sonríes y me acuerdo de ti, de los retratos que tomaba en septiembre y que mecía entre mis manos añorando tu vacío. Reconozco que tuve miedo, sin embargo ahora estas conmigo, ya has regresado de tu largo recorrido. Eres mío.

            El verdín  que descansa en tus pasadizos me recuerda a ti, a tu perfume a tierra mojada, a ese rocío matutino. Para unos eres comienzos y para otros rupturas. Pero… ¡Dime! ¿Qué significas para mí? Quisiera saberlo.

            Has dejado recuerdos, emociones, sentimiento,  historias… Has hecho que todo se torne de color, que tu alfombra esmeralda se transforme en amarillos, naranjas y ocres, que todo se seque, que decaiga, que tu fuerza se apague, que tu figura se vaya desnudando. Has dejado noches y  días cortos, amaneceres tardíos, paseos al atardecer. Has dejado que luzca mis trajes de gala, que camine sobre ti, que te necesite, pero sabes muy bien que no estás solo.

            Te guardo en un cajón de mi habitación, entre jerséis y abrigos, por si algún día te pierdo aunque creo que seré yo la que te pierda antes a ti. Aguarda, ¿Lo notas?, es el olor a castañas recién asadas, la mermelada en hogazas recién horneadas, eres…

            Eres tú, no yo, tu tiñes con tu velo el suelo de color café, creas melodías cuando la gente pisa tus hojas al andar, creas vida, alegrías, deseos, creas… Eres una sinfonía de tonalidades. Soy tu títere, me desato de fracasos y desilusiones y solamente me visto con tu piel para empezar de nuevo. Soy tu añorado reflejo.

            Tus versos, alegres, vivos y voraces me acompañan cuando tropiezo contigo. Tus brisas, leves, tiernas, como besos al despertar me estremecen, chocan contra mí, me acarician, mecen mi cabello, lo moldean, lo dan forma con cada soplo de aire. Mis labios, áridos como los desiertos  te sonríen, mi nariz te percibe,  mis ojos te anhelan. Mis manos heladas se contraen, se esconden, no quieren verte, tal vez hayan encontrado otro conocido. Tus voces me queman, entran en mi interior, me dan vida, salen, se van, así continuamente, como las olas.

            Durante estos años te he ido atravesando transformándome en un pretérito y ahora en un presente. Cada vez que regresas, mi coraza parece volverse aun más férrea  y tozuda. Quizás, sea yo la culpable de que mi cuero curtido de rosa como orquídeas que brotan de tu tierra se esté descomponiendo. Prefiero no pensarlo.

            Deambulo por los senderos y admiro tu gran belleza, recorro de pies a cabeza tu torso mientras alguna intrépida gota se abre camino entre las enredaderas. Parece que las horas no transcurren a tu lado, parece que tienes el don de hacerme revivir lo que otros me arrebatan, parece que tienes todas  y cada una de las llaves que he estado rebuscando en mi memoria durante años, pareces… diferente.

            Caminamos, nos detenemos y nos sentamos. Entrecruzo mis piernas y las acomodo sobre las gruesas tablas del banco situado al final de los chopos, entonces me  miras. Sé que has hecho de mi infancia una cría inmadura y rebelde, que me enseñaste a amar a la naturaleza como nadie lo ha hecho, pero todavía no te encuentro sentido. Mientras vagábamos por tu corazón te cogí la mano como si de un ser te tratara y pedí un deseo, que cada año regresaras junto a mí. No creo que se cumpla, no obstante, guardo la ilusión de que te conviertas en mi hechicero preferido, y de que algún día me muestres tu bastón mágico y cincelado como llevo yo años haciendo. No te preocupes, no buscaré otro lugar para ser feliz, no quiero perder el resto de mis años teniendo que  convivir con ese dolor que me causas.

             De nuevo el tiempo pasó, era inevitable que los días transcurrieran, prefería no contarlos para no saber cuándo me dejarías con la boca seca y sin palabras. Sabía que entonces el final se aproximaba.

            Calcé sobre mis pies unos botines cobrizos como la última  imagen que dejaste en mi memoria y cubrí mi cuerpo con capas de esperanza, la esperanza de volver a verte. Cerré la puerta de la misma forma que tú llamaste un día a la mía y anduvimos.

            Por fin estoy aquí, he venido a despedirme de ti por última vez. ¡Mira a lo lejos! ¿Ves esas luces?, el tren ya viene a recogerte. Los raíles te aguardan, el túnel de espera. ¿Oyes el silbido? Llegará en apenas unos minutos y te irás, como de costumbre, y me dejaras de capa caída, enferma, torda, nauseabunda y afligida. Solamente quiero que lleves a otros, lo que a mí me dejas. No te preocupes por mí como yo lo hice, no te preocupes de que a tu regreso no me encuentres con los brazos abiertos, tal vez ya no tenga fuerzas. No te preocupes, sea donde sea, te espero, aquí sentada, como siempre lo he hecho, con los ojos vidriosos, tal y como me diste la bienvenida. Creo que ha llegado la hora.

            Agarras tu maleta con firmeza y melancolía, te giras y me observas de arriba a abajo. Al cabo de unos segundos empiezas a caminar  hasta el final de la estación con aires furtivos. Que ingenuo, pienso mientras se dibuja una leve sonrisa entre mis labios. Te enredas entre la muchedumbre, pero antes levanto la mano, con temor, por si esta vez te pierdo, por si esta vez te pierdo para siempre.

            Adiós querido otoño, adiós.

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‘AHORA NO’

‘AHORA NO’

Poesía ganadora del  concurso del IES PIO DEL RIO HORTEGA


No me importa en esta vida,

si soy tu dueño o tu esclavo,

porque no vivo por tus sueños,

porque no vivo por tus abrazos.


El deseo me hace libre,

de la llama del fuego eterno,

que se refleja en tu rostro,

que se refleja en tu cuerpo.


Que si respiro yo me ahogo,

que si lloro yo me pierdo,

entre los labios de aquella dama,

que quiso querer queriendo.


No me mientes si me dices,

que todavía de mi no te has ido,

que esperas algo por mi alma,

que añoras el llanto del olvido.


No quiero que me quieras,

si por quererme has querido,

porque el tiempo que aún esperas,

ya el tiempo lo ha vivido.


No me mires, no me hables,

déjame solo, loco, perdido,

si ahora es lo que me toca,

si ahora es lo merecido.


Robaste de mi corazón,

el único pedazo que existía,

lo único que nos mantenía unidos,

lo único que nadie quería.


Tan inútil fue como encontrarte,

como frío el ruido de la muerte,

tan difícil como los años pasados,

como fácil decir adiós sin verte.


Ahora crees que vivo por tus huesos,

crees que lloro, ¡muero por tus besos!

no creas si por creer has querido,

quererme de nuevo, querer, estar contigo.


Rompiste el silencio con tus falsas mentiras,

arrastraste aquello que en ojos tuyos yacía,

cortaste con hielo el amor que por ti quedaba,

por algo ya pasado o de algo que aún pasaba.


Ya es hora de que entiendas, vida mía,

que toda luz se ha apagado,

porque no vivo por tus sueños,

porque no vivo por tus abrazos.


‘CIENCIA CON Ñ’

ADIPOXITINOL 6T


          Únicamente somos átomos, millones y millones de entes invisibles a los ojos en busca de la conformación más estable con el fin de minimizar sus energías. Somos un torrente de reacciones de oxidación-reducción, ácido-base, condensaciones… en busca del equilibrio termodinámico perfecto.  Nuestro organismo es un cómputo de emociones y sentimientos y el sistema nervioso un mar de enredaderas.

            Cada célula recibe y transmite señales continuamente gracias a la coordinación y conexión entre ellas. Sin embargo, la vida de una célula se ve limitada por naturaleza o por mecanismos y factores tales como apoptosis, necrosis… Es por ello que las neuronas ciegas pueden acumularse en forma de residuos, dando lugar a enfermedades, lesiones, etc.

                        Adipoxitinol 6T, es una hormona con un tiempo de vida medio muy corto y aunque se segrega de forma natural tal y como lo hace la oxitocina, lo hace en pequeñas cantidades lo que conlleva su difícil aislamiento. Gracias a una técnica de análisis conocida como Endocrinois  oxiglandular, ha sido detectada y capturada en mayores cantidades en pacientes de entre 21 y 34 años.

            Por otro lado gracias a un estudio comparativo con otras partículas microscópicas, los niveles de Adipoxitinol 6T se han visto disminuidos por factores como el estrés, el tabaco, las drogas (especialmente cocaína) y el aceite de palma, mientras que se han visto superados por la ingesta de ciruelas, zanahoria y ajo.

            Pero… ¿Cómo actúa?

            Aunque en un primer momento se pensó que la neutralización de radicales libres que se generan lentamente de manera casi inconsciente, sería la solución idónea, el problema encontró otro camino. La proliferación de agentes externos tenía que ser atacada desde su origen, es decir, si promovemos la síntesis continúa hormonal evitamos en gran medida la acumulación de estas partículas en nuestro organismo. Adipoxitinol 6T protege y activa el ADN mitocondrial liberando enzimas que se sitúan en sus proximidades e impiden tanto su degradación como su ataque. La activación de los genes que regulan la expresión de las funciones propias, en concreto del cerebelo, desencadena una cascada de señalización intracelular que reconstruye células degeneradas en apenas varios minutos.

            Este fue el punto de partida de las dos científicas españolas Alejandra Pajares y Martina Calvo. Junto a  su equipo de investigación en la Universidad de Valladolid, han descubierto esta sustancia química que al parecer es capaz de regenerar las células del sistema nervioso. Su nombre deriva directamente de su estructura pues se trata de un hexámero en conformación ‘trans’ con enlaces P=P=P unidos a un átomo central de Ru(VIII).

            Y sí, querido lector, parece magia. Le puedo asegurar que la juventud no depende del número de electrones, neutrones o protones que forman cada centímetro de nosotros. Todo está en nuestra cabeza y la juventud depende de uno mismo.

            Imagínese que ahora mismo tuviera en sus manos una pastilla, ¿Qué haría? ¿Cambiaría su vida? Espero que no, esto es solo ciencia ficción, al menos de momento.

            La investigación en ciencia y tecnología en España no puede decaer, ni se puede recortar en presupuestos, hay que conservar el espíritu del progreso,  aquello que pone solución a problemas del día a día. Tantos mujeres como hombres debemos conseguir que la ciencia sea conocida, respetada y apoyada.