‘CAMINANDO HACIA EL OLVIDO’

‘CAMINANDO HACIA EL OLVIDO’


     A lo largo de toda mi vida habían pasado tras mis ojos escenas de pánico, pavor y suicidio. Creía que la calma llegaría, que un día me despertaría de este maldito sueño para que todo esto hubiera terminado, pero parecía que no iba a tener suerte. Había sufrido demasiado durante la juventud, había visto diversas torturas, que habían logrado que el suicido se convirtiera en una opción para no seguir adelante. Seguramente no podría soportar lo que el futuro me iba a desamparar.

     Grandes personas y conocidos había dejado atrás para dar lugar a un ambiente todavía peor del que podía haber imaginado en la peor de mis pesadillas. Se respiraba miedo y los pocos valientes que siempre luchando por un bien común se atrevían a pisotear las legislaturas, acababan olvidados. Los altos cargos dominaban cada rincón de la triste ciudad que yacía bajo sus manos y aspiraban a someter a cada individuo a sus mandatos y condenas. Soldados y oficiales de alto calibre acompañados de su fiel armamento deambulaban mientas que los azotes constantes de gripes, tuberculosis, infecciones, y otras múltiples derivaciones definían el momento social en que se vivía. Apenas podía subsistir si me encontraba rodeada de un mundo donde poner un pie en el sitio incorrecto era un asesinato.

     En el puro centro de poder se hallaban los manipuladores de seres humanos, por otra parte y más alejados, la cara opuesta de la moneda, barrios marginales, pobreza, miseria, polvo y tierra.

     Solamente a mí alrededor se encontraba lo más querido, Alan, la única persona que me había apoyado a hacer  y continuar con aquello que realmente me hacía evadirme de la sociedad, las palabras. Ninguno de los dos pensaba que las cosas podían cambiar de un momento a otro, que el blanco podía convertirse en negro en cuestión de instantes e incluso que lo que un día fue pasión otro día serían cenizas y que lo que durante minutos llamaron amor por instantes se convertiría en odio.


     No existía nada de claridad ni dentro ni fuera de la estancia. Todos descansaban mientras que la ciudad  dormía a los pies de la oscuridad. Poco a poco las horas pasaban y todo fue tomando color.

     Corría una mañana oscura del trece de diciembre,  apenas escasos rayos de sol y una inmensa masa de nubes grises cubrían el cielo que avecinaba tormenta. Las calles aun permanecían desérticas, apenas escasas tropas yacían en las fronteras controlando todo tipo de intercambios e infiltraciones.

    Alcancé la mano hasta la mesilla, cogí mis lentes y las acomodé. Era demasiado temprano y podría decir que había sido una noche nefasta. Encendí una vela y traté de no hacer demasiado ruido, pero Alan ya no estaba, sin embargo su aroma viril permanecía en la habitación impregnando cada rincón. Como cada mañana, debía continuar su habitual rutina de entrenamiento naval puesto que ya nos había avisado con anterioridad de su próximo destino. Dentro de apenas un mes nos dejaría al ser obligado a dejar a su familia para combatir con toda su tripulación en zonas nórdicas. Pero eso no me preocupaba en absoluto.

     “La multiplicidad de las guerras ha provocado la huida de millones de personas hacia lugares más seguros. La población está siendo destrozada psicológicamente. El colapso económico, social, político y cultural, es un presente. ¿Conflictos humanos?”·

     Estos, eran los titulares de las portadas más frecuentadas con las que me topaba cada vez que abría un periódico. Y eso que no mucha gente había conseguido llegar a tal cumbre de arte y expresión, poquísimas personas eran capaces de poder comprender textos y aquellos que sí que lo lograban trataban esto como un modo de difusión de principios falsos que solo servía para empobrecer más la sociedad, y que además podía llegar a desestabilizar todo el poder político. La mujer entonces estaba muy mal vista en este contexto, aun así,  conservaba la esperanza de que mis pequeños relatos que con tanto gusto y afición creaba en mis ratos libres, fueran algo más que ‘basura‘.

     Los días transcurrían, pasaban y empeoraban por momentos. Fue la muerte de mi segunda hija Julliet lo que me marcó de por vida. Y no el hecho de por sí, que en esos momentos ya era difícil de superar, sino la manera de llevarlo a cabo y el porqué. Absolutamente nadie dio explicaciones, solamente un desconocido sosteniendo entre sus brazos a una niña de apenas doce años llamó a la puerta y depositó su cuerpo sobre mis pies. En ese momento, mi corazón se partió en pedazos. De su cuello, colgaba una nota escrita en alemán que decía:

     “La muerte no se espera, se disfruta, pero nunca se predica en nombre de Dios” 

     Alan, nunca supo nada al respecto, él nunca había sentido ninguno tipo de afecto ni hacia mí ni hacia los míos. Ellos casi ni le conocían y nunca se atrevieron a llamarle “papá”.

     A pesar de todo percance allegado los momentos de máxima tensión se vivieron a partir del veinticinco de enero, cuando finalmente le vi por última vez debido a que los conflictos con las marcas fronterizas se incrementaban por instantes y era necesario un número mayor de tropas para poder hacerlo frente. Solamente quedábamos Axel y yo.

    Su huida seguramente eterna y la muerte de mi hija hicieron que llegara al punto máximo de saturación. Se vivían momentos de tristeza, depresión, miedo, rabia y sobre todo soledad. Y esto sumado a las largas jornadas de trabajo entre otros factores para poder sobrevivir, para poder ganar cuatro míseros duros y así poder continuar, producía que en mi interior ya no existiera ninguna ilusión por alcanzar cualquier meta.

     Me deshice de todo tipo de rastro que pudiera llevar a la deducción de mis escritos, quemé la mayor parte de ellos, pero uno en especial lo conservé, pues sería concretamente la última reflexión que haría antes de morir.

     Pero todo este trabajo llevó al desastre, las incursiones en distintas moradas con el fin de saquear cualquier bien que en ellas se encontrase, permitió que en apenas un par de semanas, los cuerpos policiales hallaran la vigencia de mi pasión y dedujeran que la mejor manera de acabar con ello, era acabar conmigo. Y así fue. La preservación de mi último texto que rápidamente cayó en manos del general y del rey supuso un principio y un fin. Determinaron que una mujer no estaba capacitada para tales labores, propias de exiguos escribanos que tampoco contaban con la libertad absoluta.

     Pronto fui sacada de mi hogar, arrastrada y maltratada frente a los ojos de Axel que no comprendía tal calamidad. Lo último que recuerdo es que, apenado, me gritaba sin cesar: “Mamá, mamá ¿A dónde te llevan?”, no te preocupes le dije, nos volveremos a encontrar.

     Un fuerte ruido se oyó, detrás de otros tantos, después uno todavía más fuerte. Puñaladas y  golpes quedaron clavados en la figura de la mujer que segundos antes lloraba y suplicaba una y otra vez. Finalmente un rostro desfigurado, ensangrentado en mentiras, odio, tristeza y melancolía y un cuerpo indefenso. Todo terminó, cuando los insultos, quejas, manipulaciones, lloros, llantos y risas murieron como por arte de magia.

     La sangre caliente caía, se derramaba poco a poco, muy lentamente. Un leve quejido volvió a aparecer, el último sonido. La gran plaza central teñida de un color rojo ardiente, desprendía un olor desagradable. Se había exterminado una nueva familia al mando del poder.

     De tal modo, el recuerdo desvaneció y consigo mismo la esperanza imposible de recuperar el tiempo perdido.

    Y así,  una vez que la autora se hallaba, tendida, fría y sin alma, alguien se dispuso a leer un pequeño fragmento de sus memorias que tanto escándalo habían causado.

 CUANDO MIRAS HACIA ATRÁS  Y VES QUE NO HAY NADIE

     “Todo estará en el olvido cuando perdamos la esperanza, la llama que sustenta la magia que nos hace felices o al menos que hace que conservemos las ilusiones que sin darnos cuenta vamos tirando a la basura. Una simple actitud positiva ante los problemas que se plantean. Afrontar con firmeza los golpes que sufrimos día a día. Luchar con una sonrisa en la cara, sin escrúpulos, sin cicatrices, sin lágrimas. Dejar a un lado los errores, los fracasos e incluso las mentiras que por instantes o incluso, días, meses o años nos impidieron seguir adelante. Creer en uno mismo, en sus capacidades y en sus metas, vivir la vida, soñar, reír, compartir, enamorarse, sentirse a gusto…

     Esto y mucho más es lo que queremos, pero lo que sin embargo cuesta un triunfo alcanzar. Es un proceso largo, complejo y agotador, pero no imposible. No obstante, esto tampoco es el final de un viaje por el que cada uno de nosotros hemos tenido que a veces detenernos a reflexionar sobre nuestros actos. Esto no es más que un simple cambio, un tonto juego de azar. Una experiencia a través de la cual debemos de ser capaces de coexistir con la gran inmensidad de percances que transcurrirán paulatinamente. Aunque no siempre el tiempo jugará a nuestro favor, respiraremos profundo repetidas veces con la intención de calmar situaciones que nos ponen de los nervios, que nos alteran hasta el punto de ser insoportables. Lloraremos y nos quejaremos de nuestra mala suerte una y otra vez, como si uno mismo pudiese cambiar lo que ya está escrito y lo que tiene a su alrededor.

     Cerrar los ojos, esperar y tras varios minutos, volverlos a abrir para encontrarse seguramente con un panorama inapropiado, sin que nada haya cambiado, algo intolerable.

     No sé todo lo que sería capaz de entregar a cambio de una vida más fácil, sin tener que caerse para luego darse cuenta de que no has aprendido ni a levantarte. Los mejores momentos ocurren cuando menos te lo esperas y duran apenas segundos. Son pequeñas gotas de un frasco finito que cubre sus paredes de cristal con alegrías. A medida que nos hacemos mayores, su contenido se reduce más y más, hasta que se bebe la última gota, el último sorbo.

     Empezar de nuevo significa empezar de cero, dar comienzo a una nueva vida, nacer, hacer un barrido completo a nuestra memoria, tanto para bien como para mal. 

      Eliminar recuerdos, sentimientos… para poder iniciar un nuevo viaje. Un viaje en el que nos acompañará solamente lo que sea capaz de hacernos sonreír. Acordándonos y teniendo presente a todas esas personas que hoy en día no puede estar con nosotros, aquí mismo, pero que nos observan constantemente y nos cuidan como propios hijos suyos, y que por tanto en cuestión de tiempo ocuparemos su trono. Una vez recibida la oportunidad de cambiar absolutamente tu vida, estarás en la obligación de disfrutar como un niño pequeño, sin miedo de arriesgar, de aprender y de seguir adelante frente a todo.

     Investigar y examinar cada rincón, cada recoveco y cada escondrijo hasta que no puedas más, hasta que tu corazón pida ayuda y puedas sentirte afortunado de recompensarlo por haber encontrado aquello que realmente te hace feliz, es la esencia de la vida. Pero no vale la pena expresar en unas pocas líneas aquello que te desvela cada noche, aquello que te preocupa, si en estos tiempos, la sangre es más poderosa que el oro.

     No todo en esta vida tiene un fin, una meta, o incluso un propósito que haya que alcanzar como bien se decía. Hay personas que están destinadas a pasar sus días, horas, minutos y segundos junto a su alma gemela y otras que se aferrarán a la soledad y que junto a ella vivirán lo que el tiempo quiera. Todo depende del tiempo y de cómo nosotros queramos vivir cada momento.

     Simplemente ahora mismo quiero estar sola, sin embargo el silencio unas veces y los lamentos otras, hacen que todo esto sea aun más difícil de controlar. Parece que cada paso que doy es una confusión más, un pozo sin salida. He tratado de reproducir lo que mi mente me mandaba pero créeme…he fracasado.

     Solo espero que nada continúe como ahora, que evolucionemos y que la sociedad se mentalice de lo que realmente es importante y de lo que es necesario, que analice las situaciones y sepa responder ante aquellos que no pueden hacerlo por ellos mismos.

     Miles de personas se cruzan con nosotros, y miles son también las rutas que tenemos que atravesar para pasar al otro lado, a la orilla. Sin embargo, “nadie nunca se da cuenta que el camino más difícil es aquel que todos los días atravesamos”

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19 comentarios en “‘CAMINANDO HACIA EL OLVIDO’

  1. Emotivo relato. A veces, cuesta darse cuenta de lo que has relatado. Pero yo creo que vivimos de manera tan intensa los malos sucesos que no dejamos paso a los buenos. Hoy te he leído y es cierto, que yo he sido de las que me he quejado, llorado e incluso vuelto una y otra vez a aquello que no comprendía y que me hacía estar mal. Pero también he intentado pelearlo, salir de ese pozo. La gran mayoria de veces lo conseguía pero la mente y las sensaciones a veces están demasiado acostumbradas al dolor y es eso a lo que creo que está acostumbrada la sociedad. NOS HEMOS ACOSTUMBRADO AL DOLOR. NO, no está bien. Me ha gustado mucho tu relato. ¡Un gran saludo! (y un abrazo)

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